Amalgama de cuentos, anécdotas e historietas entremezcladas con reflexiones sobre crecimiento personal del siempre ecléctico y heterodoxo Alejandro Jodorowsky. Este escrito, en particular, forma parte de sus obras de vejez. Escrito en 2009, es un compendio de extractos de sus numerosas conferencias, donde comenta cuentos sufíes, taoístas, hindúes o situaciones extraídas de la cotidianidad, como pretexto para desarrollar su cosmovisión del ser humano, que gira en torno a, nuevamente, una suerte de mosaico de referencias dispares: en él se mezcla psicoanálisis (con especial énfasis en los complejos eróticos infantiles), elementos del esoterismo de G. I. Gurdjieff, Tarot como conjuntos de imágenes arquetípicas simbólicas... Todo ello sazonado con el humor esporádico con el que Jodorowsky impregna de vez en cuando su visión del drama humano.
Es un libro, a diferencia de otros suyos como Psicomagia o La vía del tarot, donde hay poca estructura; apenas se aprecia un mínimo hilo temático, que parece que se ha tejido a posteriori, como por exigencia editorial.
Por eso mismo, por su carácter difuso y sedimentado, no alcanza la profundidad de otras obras del autor, como Donde mejor canta un pájaro. Pasa como de puntillas a través de muchos temas, y cuando parece que se va a entrar en el desarrollo de uno, la siguiente página destapa un nuevo capítulo, que a su vez durará unas pocas páginas.
Quizás su mayor virtud sea, dado ese carácter polifacético y disperso, la de poder iniciar al lector en su primera aproximación al universo Jodorowsky.
Fragmento 1 (El buscador)
Convertido en oruga, aislado en sí mismo, el buscador de la Verdad se dice: «Dios interior mío, he pasado gran parte de mi vida sin verte, sin quererte conocer, sin satisfacerte, maltratándote con mi negación. En lugar de desarrollar un árbol frondoso, encarcelé tu semilla. Ahora quiero encontrarte. Voy a desprenderme de máscaras y disfraces y aceptaré ser lo que soy. Abandonaré mi constante invención de proyectos para dedicarme sólo a eliminar obstáculos. Todo lo que seré, en potencia ya lo soy. Y eso que soy eres tú, Esencia mía. Guíame, soy de ti, tengo confianza en ti, eres mi felicidad».
Fragmento 2 (El Yo personal)
Nada cambia. El Yo personal, dividido en cuatro egos desequilibrados, pasa su vida tratando de no oír las llamadas del Dios interior, transportadas por el Yo esencial y el Yo superior. Aunque el amor lo solicita, escapa. Aunque la alegría de vivir lo llama, huye. Piensa que es un cazador, pero en realidad es la presa. Todo cuanto alberga en su interior lo busca, pero la conjunción no se produce. En lugar de aunar, multiplica. El príncipe da un beso a la princesa dormida, la despierta, se casan, creen ser felices, engendran muchos niños, multiplican su dinero, sus coches, se compran una casa frente al mar, viajan, van de fiesta social en fiesta social, de borrachera en borrachera, de amante en amante, de proyecto en proyecto... pero no cambian. Nada es real, todo es promesa.
Fragmento 3 (Domar los egos - El elefante)
Para comenzar a domar nuestros egos debemos encerrarnos para meditar, vaciar la mente, el corazón, el sexo y cambiar nuestros hábitos físicos. Es decir, abstinencia sexual, variar las horas de sueño (si antes dormíamos mucho, ahora dormir poco o viceversa), tomar otro tipo de alimentos (si comíamos carne, hacernos vegetarianos; si éramos vegetarianos, empezar a comer carne), vaciar de objetos inútiles el lugar donde vivimos, dejar de leer, de ver televisión o de escuchar música y programas radiofónicos, de hablar por teléfono, de consumir drogas. Como el elefante que ha caído en la trampa, aislarse entre paredes vacías. No debemos decirnos «Haré esto durante tantas horas o tantos días». El elefante ha de permanecer en el hoyo el tiempo que sea necesario.
Fragmento 4 (El éxito social y la envidia)
...hacemos por el placer de crear sino para obtener beneficios, que a la larga acaban privándonos del goce de vivir...
En vista de que, cada miércoles, la sala de karate donde daba mis conferencias se llenaba de público, muchas personas trataron de alquilarla a un precio más alto para utilizarla el mismo día y a la misma hora, pensando que al ocupar mi puesto obtendrían la misma cantidad de público. Para las machis, o curanderas mapuches, todas las enfermedades que padecemos son producto de la envidia. Si por celos deseamos lo ajeno o comenzamos a imitar a alguien, nos ponemos a competir; pero, aunque obtengamos el éxito social, habremos anulado nuestro verdadero ser.
Fragmento 5 (La mentira y el religioso)
Vivir una aproximación es vivir una mentira. En un antiguo libro árabe titulado El libro de las astucias se cuenta lo siguiente:
Un hombre muy religioso, a quien el Corán prohíbe mentir, está sentado en una piedra al borde de un camino. Pasa corriendo por allí un amigo suyo, con una gallina en los brazos, que le grita sin detenerse: «¡La robé! ¡Los guardias me persiguen! ¡Por favor, no les digas que me viste!».
Desaparece. El religioso, unos minutos antes de que lleguen los guardias, se cambia de lugar y se sienta al otro lado del camino. Cuando éstos llegan y le preguntan «¿Ha visto pasar a un ladrón?», él responde, señalando su nuevo emplazamiento: «Desde que estoy sentado aquí, no ha pasado nadie».
El religioso está satisfecho, convencido de que no ha desobedecido al libro santo.
Fragmento 6 (El trauma del parto - Arthur Janov)
Durante un parto traumático, el organismo del feto es expuesto a un gran peligro. Cada parcela del esfuerzo del futuro bebé está consagrada a su lucha por sobrevivir. La huella, altamente cargada, de esta lucha es literalmente una tempestad eléctrica que queda grabada en el organismo toda la vida como una tensión residual... Esta huella dejada por el nacimiento es más importante en tanto que está injertada profundamente y de manera central en el cerebro y el sistema nervioso y se encuentra, muy pronto, encerrada como por una barrera por el córtex en desarrollo y la experiencia ulterior.
Arthur Janov, Huellas
Fragmento 7 (El egoísmo en la pareja)
El mayor egoísmo: no ponernos en el lugar del otro. Como su dolor nos molesta —porque nos revela el nuestro—, consideramos que nos ofende. En una pareja, la carencia de un sano nivel de consciencia de uno es nefasta para el otro..
Fragmento 8 (La historia de Nasrudín)
Mulá Nasrudín avanza montado en su asno. De pronto, el animal decide detenerse. Nasrudín lo empuja, tira de él, le da con una fusta; nada que hacer: el asno, terco, no se mueve. Un viejo que pasa por allí le dice:
—¡Métele un pimiento en el culo!
Nasrudín así lo hace, y el asno se lanza a correr como un loco. Su amo, a su vez, corre detrás de él. Viendo que no puede alcanzarlo, también se mete un pimiento en el culo. De inmediato se pone a correr con tal velocidad que sobrepasa al burro y llega a su casa gritando a su mujer:
—¡Detenme! ¡Detenme!
Él le responde:
—No puedo —le responde ella—, vas muy rápido.
—¡Métete un pimiento en el culo!

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