os encontramos ante el que es, para quien escribe estas líneas, el soporte teórico más útil, lúcido y preciso para cualquier meditador en general, y para los practicantes de Vipassana en particular.
El libro, lejos de extraviarse en debates conceptuales o de citar continuamente fuentes del Canon Pali para un minucioso análisis (otra forma de huir de la experiencia), se dedica simplemente a exponer la técnica Vipassana, describiendo —eso sí— los pasos, los efectos y los síntomas que se van descubriendo a medida que se avanza en la práctica, así como también las trampas que la mente puede generar para obstaculizar el proceso de liberación.
Resulta útil tanto para quienes hemos participado en los cursos de diez días como para quienes practican otros tipos de meditación. Si nunca se ha practicado la meditación, o bien solo se ha rozado su superficie (breves meditaciones de diez minutos después de una práctica de yoga, meditaciones grupales con cantos y visualizaciones), probablemente el contenido de este libro parecerá inútil —por incómodo y confrontativo— al neófito lector.

"Para experimentar la verdad última de la liberación, es necesario penetrar
más allá de la realidad
aparente, y experimentar la disolución del cuerpo y la mente. Cuanto más atrás se deja
la realidad aparente, tanto más
se substrae uno del deseo
y la aversión, de los
apegos, y tanto más se acerca a la verdad última. Trabajando paso a paso se
llega de forma natural a un punto, en el que el próximo paso es la experiencia
del nibbāna. No vale la pena ansiarlo, ni hay razón para dudar de que
llegará. Debe llegar a todos los que practican el Dhamma correctamente. Cuándo llegará, es algo que nadie puede
predecir, depende en parte de
la acumulación de condicionamientos
de cada persona, y en parte, de la cantidad de esfuerzo que
emplee en erradicarlos. Todo lo que se puede hacer, todo lo que se necesita
hacer para llegar a la meta, es seguir observando cada sensación sin reaccionar."
"El primer paso para poder hacerlo, es comprender
la verdadera naturaleza del problema. La ignorancia nos lleva a maldecir la
circunstancia externa o la persona, a mirarlas como la fuente de la dificultad;
y a dirigir toda nuestra energía a cambiar la situación externa. La práctica de Vipassana nos hará saber,
que nadie más que
nosotros es responsable de nuestra felicidad o infelicidad. El problema
estriba en el hábito que tenemos de reaccionar a tontas y a locas, y por tanto;
tenemos que prestar atención a la tormenta interna, de las reacciones
condicionadas de la mente. Limitarnos a decidir no reaccionar no servirá;
mientras los condicionantes permanezcan en el inconsciente, es inevitable que
surjan tarde o temprano, y arrollen la mente a pesar de todas nuestras
resoluciones. La única solución real es aprender a observar y cambiar nosotros
mismos"
"Pero también la mente y la materia están rigurosamente interrelacionadas:
cualquier cosa que suceda en la una se refleja en la otra. Éste fue el
descubrimiento clave del Buda, el punto crucial de su enseñanza. Él lo expresó así: “Cualquier cosa que suceda en la
mente va acompañada por una sensación”1. De ello se desprende que la
observación de la sensación ofrece un medio para examinar la totalidad del ser,
tanto el aspecto físico como el mental"
"No
investigamos nuestra propia verdad llevados por una curiosidad intelectual
ociosa, sino con un propósito definido. Al observarnos, somos conscientes por
primera vez de las reacciones condicionadas, de los prejuicios que nublan
nuestra mente, que nos ocultan la realidad y nos producen sufrimiento.
Reconocemos las tensiones internas
que hemos ido acumulando y que nos hacen sentirnos inquietos, desdichados y
vemos que pueden eliminarse. Poco a poco vamos aprendiendo la forma de
disolverlas, y la mente se va
volviendo pura, calmada y feliz."
"El control
que tenemos sobre la mente consciente es muy tenue, pero el inconsciente parece
estar totalmente fuera de nuestro alcance o comprensión, lleno de fuerzas que
puede que no aprobemos o de las que ni siquiera estamos enterados."
"P.— Me estaba preguntando si hay gente
que nos hace sufrir.
S.N.G.—- Nadie te hace sufrir. Tú mismo te ocasionas el sufrimiento al
generar tensiones en la mente."
"Hay
tres tipos de acciones: físicas, verbales y mentales. Por lo general concedemos
mayor importancia a las acciones físicas, luego a las verbales y por último a
las mentales. Golpear a una persona nos parece más grave que insultarla, y
ambas cosas peores que un pensamiento con mala voluntad no expresado
hacia ella. No hay duda de que ésta sería la catalogación conforme a las leyes dictadas por los hombres en cada país; pero, según el Dhamma, la ley de la naturaleza, la más
importante es la acción mental. Los actos físicos o verbales asumen un significado totalmente distinto,
dependiendo de la intención con la
que estén hechos"
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