Un libro singular. Lo encontré en el mueble de intercambio de libros de la biblioteca de mi ciudad. Del autor, a pesar de haber escrito, además del presente, una trilogía, prácticamente no se encuentra información.
En todo caso, nos hallamos ante un volumen que sintetiza, de un modo muy accesible, algunos de los principios expuestos en libros de corte espiritual como Conversaciones con Dios y Un Curso de Milagros. No llega a “casarse” con ninguno de ellos, pues, por ejemplo, se acerca a Un Curso de Milagros solo en algunos de sus supuestos (mientras que este último, hasta donde lo he leído, define el mundo —el universo— como una creación del ego, este libro del tal Félix Gracia insiste en que es también una creación de Dios).
Un libro sencillo que aclara conceptos y cuya pretensión es hacer llegar el mensaje a cuanta gente sea posible.
Fragmentos:
"El jefe, o el hijo de la novia, son el medio a través del cual aquella potencialidad se hace real. Si ellos no estuvieran en tu entorno, habría otros, porque ellos, aunque te resistas a verlo, son simples intermediarios que hacen posible tu experiencia".
"Toma conciencia, pues, de las manifestaciones y asume que estás ahí, sometido a un estado mental que no controlas, pero cuyos efectos experimentas".
"La conciencia de unión no es sentirse unido a Dios, es reconocer que tu naturaleza y la de Dios son la misma".
"Ahora puedes ver que el escenario de toda batalla eres tú; que todo se origina y resuelve en ti. No hay enemigos, ni fuera ni adentro, sino una compleja potencialidad que pugna por convertirse en experiencia en diferentes direcciones. Y tú, que eres su señor, debes decidir cuál deseas".
"Desde el punto de vista bíblico, el muerto no es aquel que ha dejado de vivir, sino el que vive sometido al estado condicionado del alma, o pecado original".
"La reencarnación es indicio de estancamiento. La resurrección, de progreso".
"Tu dispositivo razonador bloquea los procesos intuitivos, reprimiéndolos".
"Este es el mecanismo que opera en ti de manera automática. Y no porque algo desee impedir tu progreso como supone el hombre viejo, convencido de la existencia de buenos y malos, de dioses y demonios que se disputan su alma, sino porque esa es la respuesta surgida espontáneamente de tus ancestrales hábitos. Tú actúas como lo hicieron tus antepasados y ellos como los suyos, configurando una vez más esa larga cadena que te remonta al origen de la presencia del hombre en el mundo y, por tanto, a su origen metafísico igualmente, que es el estado condicionado del alma. Tú reaccionas anteponiendo el juicio de la razón a tus actos, porque esa es la manera de enfocar la vida desde el estado condicionado del alma. Algo natural, en consecuencia, y no una perversión, que será sin duda superado por ti en el futuro, pero presente al día de hoy."
"En tu fe sin reservas, en tu entrega incondicional a ese algo que flota dentro y fuera de ti haciéndote desear el viaje. Y, ¿qué tipo de convicción sería la tuya si mantuvieras un pie en lo que dejas atrás? Por eso tu entrega ha de ser total, incondicional, para que surta efecto. Un verdadero salto al vacío de lo desconocido con el único sostén de tu confianza en el Espíritu que te guía.
Pero no confundas esta decisión que involucra a tu alma, con nada material. Tu salto al vacío no significa el abandono de tu familia, de tu trabajo, de tu país..., ni de nada de lo que tienes, sino de la seguridad que extraes de ello, que te condiciona e inmoviliza."

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