Blog donde recopilo lo (subjetivamente) mejor de fragmentos, artículos y reflexiones de textos místicos, religiosos, espirituales o filosóficos que me voy encontrando por mis peripecias literarias.

'El ministerio de la curación', Elena G. de White

Este es uno de los aproximadamente cuarenta libros que redactó Elena G. de White, conocida por ser la fundadora de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, rama no reconocida por la Alianza Evangélica Mundial que, sin embargo, posee una cantidad considerable de feligreses, cuya cifra asciende a unos 23 millones, repartidos por todo el mundo. 


En este libro, la autora expone una praxis del modo de vivir cristiano, citando innumerables pasajes bíblicos para exponer sus tesis. El libro recorre la vida moral, la vida familiar y la ascética, pero incluye el énfasis característico de la autora, novedoso en cualquier caso en textos de proselitismo cristiano, en la alimentación, el ejercicio y el cuidado del cuerpo. Es relevante su defensa del vegetarianismo y su lucha contra el consumo de alcohol y de carne, sustancias en las cuales la autora observa perjuicio espiritual.


Fragmentos:


Sobre el pecado

El pecado entenebrece nuestras mentes y ofusca nuestras percepciones. Cuando el pecado es eliminado de nuestro corazón, la luz del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo, que ilumina su Palabra y es reflejada por la naturaleza, declarará en forma más y más cabal que Dios es “misericordioso, y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad.” Éxodo 34:6.

En su luz veremos luz, hasta que la mente, el corazón y el alma estén transformados a la imagen de su santidad.


Sobre la  abnegación

El gran peligro del hombre consiste en engañarse a sí mismo, en creerse suficiente de por sí y en apartarse de Dios, la fuente de su fuerza. Nuestras tendencias naturales, si no las enmienda el Espíritu Santo de Dios, encierran la semilla de la muerte moral. A no ser que nos unamos vitalmente con Dios, no podremos resistir los impíos efectos de la concupiscencia, del amor egoísta y de la tentación a pecar.

Para recibir ayuda de Cristo, debemos comprender nuestra necesidad. Debemos tener verdadero conocimiento de nosotros mismos. Sólo quien se reconoce pecador puede ser salvado por Cristo. Sólo cuando vemos nuestro desamparo absoluto y no confiamos ya en nosotros mismos, podemos asirnos del poder divino.



Sobre el ganar dinero:

Dios sanciona los métodos que enriquecen a una clase mediante la opresión y las penurias impuestas a otra. Esta Palabra nos enseña que, en toda transacción comercial, debemos ponernos en el lugar de aquellos con quienes tratamos, mirar no sólo por nuestros intereses, sino también por los ajenos. El que se aprovecha del infortunio de otro para medrar, o se vale de la riqueza o la incompetencia de su prójimo, viola los principios y los preceptos de la palabra de Dios.

Las riquezas y los honores del mundo no pueden satisfacer al alma. Muchos ricos ansían alguna seguridad divina, alguna esperanza espiritual. Muchos anhelan algo que ponga fin a la monotonía de su vida fácil. Muchos funcionarios públicos sienten necesidad de algo que no tienen. Pocos de ellos asisten a la iglesia, pues consideran que no obtienen gran provecho. La enseñanza que allí oyen no conmueve su corazón. ¿No les dirigiremos algún llamamiento personal.

Entre las víctimas de la necesidad y del pecado se encuentran personas que en otro tiempo eran acaudaladas. Individuos de diversas carreras y condiciones quedaron dominados por las contaminaciones del mundo, por el consumo de bebidas alcohólicas, por la concupiscencia, y han sucumbido a la tentación. Si bien estos caídos necesitan compasión y asistencia, ¿no se ha de prestar alguna atención a los que todavía no se han abismado?


Sobre la intemperancia

En la sinagoga de Capernaúm estaba Jesús hablando de su misión de liberar a los esclavos del pecado. De pronto fue interrumpido por un grito de terror. Un loco hizo irrupción de entre la gente, clamando: “Déjanos; ¿qué tenemos contigo, Jesús Nazareno? ¿has venido a destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios.” Lucas 4:34.

Jesús reprendió al demonio diciendo: “Enmudece, y sal de él”. Entonces el demonio, derribándole en medio, salió de él, y no le hizo daño alguno.” Vers. 35.

La causa de la aflicción de este hombre residía también en su propia conducta. Le habían fascinado los placeres del pecado, y pensó hacer de la vida un gran carnaval. La intemperancia y la frivolidad pervirtieron los nobles atributos de su naturaleza, y Satanás asumió pleno dominio sobre él. El remordimiento llegó demasiado tarde.

Cuando hubiera querido sacrificar sus bienes y sus placeres para recuperar su virilidad perdida, ya estaba incapacitado y a la merced del maligno.

En presencia del Salvador, se le había despertado el deseo de libertad, mas el demonio opuso resistencia al poder de Cristo. Cuando el hombre procuró pedir ayuda a Jesús, el espíritu maligno le puso en la boca sus propias palabras, y él gritó con angustia y terror. Comprendía parcialmente que se hallaba en presencia de quien podía libertarlo; pero cuando intentó ponerse al alcance de aquella mano poderosa, otra voluntad le retuvo; y las palabras de otro fueron pronunciadas por su medio.

Terrible era el conflicto entre sus deseos de libertad y el poder de Satanás. Parecía que el pobre atormentado habría de perder la vida.


Sobre los libros

Muchos son inducidos a cometer crímenes aun peores, si ello es posible, que los narrados tan vívidamente por los escritores. Con tales influencias la sociedad está en vías de desmoralizarse. Las semillas de la licencia son sembradas a manos llenas. Nadie debe sorprenderse de que de ello resulte tan abundante cosecha de crímenes.

Apenas en menor grado que las obras ya mencionadas, son una maldición para el lector las novelas y los cuentos frívolos y excitantes. Puede ser que el autor quiera enseñar en su obra alguna lección moral, y saturarla de sentimientos religiosos, pero muchas veces éstos sólo sirven para velar las locuras e indignidades del fondo.

El mundo está inundado de libros llenos de errores seductores. La juventud recibe como verdad lo que la Biblia denuncia como falsedad, y le gusta con pasión el engaño que arruina al alma.



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